Simultáneamente, para escribir una historia necesito un montón de información que demoro en hilar en el relato.
Después, llega una solicitud para lidiar con algo que no quiero y no me atrevo a decir que no -estúpido corazón-.
Más encima, necesitaba que la cocina funcionara para hacerle en desayuno a mi hermano, desayuno que se vio frustrado por una llama que a penas prendía ¡Pum! Se apagaba.
Y eso se convirtió en motivo de enojo de mi mamá, quien ahora me tiene toda la semana encerrada en casa.
Adiós, planes.
Adiós, paz.
Sí, estoy frustrada, supongo que lo único de rápido arreglo es lo de la historia, así que en ese pequeño lapsus de horas que demoro en dormir pensaré en como seguir.
Pero bueno, se presentó así, así lo aceptaré -y cambiaré todo lo posible-.
Estúpida y sencilla filosofía de vida.
Estúpida.
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