¿Estuviste cuando mi mamá nos despertó con urgencia? ¿Cuando nos reunió en la pieza de mi hermana y nos dijo que tu ya te habías ido? ¿Estuviste cuando esos extraños titulados de periodistas se acumularon en las afueras de la casa? ¿Estuviste cuando los de uniforme azul llenaban de preguntas a los adultos presentes?
Quizás me escuchaste cuando te hablé en la mañana, cuando te di las gracias y te dije mil veces que te quiero, quizás estés leyendo esto, o puede ser que te hayas quedado contigo, allá en la pieza, hasta que te llevaron.
¿Viste las noticias? Esas mentiras de rating que hablaban de drogas, de asesinatos, cuando en realidad tú mismo te diste paz -y de paso nos diste paz-. ¿Te molestó? A mi no, a mi tía sí, a mi abuela también, aunque no tanto como mi tía. De todos modos nadie se acordará de lo que dijo la TV, porque ellos mismos se callaron al saber que su transmisión era una visión distorsionada de los hechos.
Seguramente estuviste cuando los ajenos se fueron y nos quedamos la familia en casa intentando no hacer silencio. Quizás viste a mi tía al lado de tu cuerpo, recordando como fue que te encontraron esta mañana, velado por la oscuridad de la habitación. O cuando mi papá y mi mamá buscaban entre tus cosas lo necesario para el papeleo legal. Quizás me viste a mí, por primera vez, haciendo de ama de casa, atendiendo todo lo que podía, haciendo menos la carga.
Entonces puede que estés ahora, sentado en el sillón, viendo las fotos que tenías guardadas, junto a mi tía y mi prima, quizás dándole cariño a mi abuela, el cariño que nunca le diste, mientras ella se recuesta intentando disipar sus dolores. Puede que estés mirando fijamente a mi hermano, a mi, y a la otra que no ves pero sabes que está arriba en su pieza, tranquila, igual que nosotros dos, esperando que los días pasen para que nuestros padres vuelvan de hacer los trámites correspondientes.
Y ves que nadie llora, solo se extrañan por lo sucedido.
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