Es esencial buscar el instante preciso para abrazar al suelo. Puedes ir tarde al trabajo, a la escuela, puedes huir de un desconocido de miradas pervertidas o, simplemente, puedes encontrarte con alguien que hace tiempo esperabas ver. No importa si el lugar es estrecho o está repleto, mientras más incómodo sea, mejor.
Si quieres sumar puntos asegúrate de que te rodee un gran público ¡También los puedes incluir en tu maniobra! Chocar con ellos, agarrarles el brazo por sorpresa es algo que de seguro agradará a tus espectadores.
Entonces llega el momento de acercarse al renombrado personaje. Debe ser un movimiento lleno de gracia, sea la caída lenta o rápida. Puedes ayudarte de las cuerdas sueltas del zapato, la piedra en el camino, la superficie resbalosa o, incluso, la hormiga cabezona. Es normal que el pánico cunda cuando ya no hay vuelta atrás, pero no te preocupes, mantente en calma y da paso a la creatividad, incluyendo otros miembros como tus manos o rodillas para hacer de tu caída toda una obra maestra.
A pesar de que el suelo sea algo frío y distante no rechazará tu muestra de afecto, seguirá inmóvil esperando a que te sientas satisfecho. Que no te afecte, él suele ser así con todos, no hace falta llorar o abochornarse por ello. Para salvar tu dignidad, párate ágil y orgullosamente, recuerda que el público tendrá constantemente sus miradas en ti. Este paso es sumamente importante tenerlo en cuenta: solo debes eliminar el polvo de lo que alguna vez fue, y acabar, como con todo espectáculo, con una reverencia.
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