lunes, 31 de diciembre de 2012

Interrupción


"La vida es un sueño". Con esa frase el narrador cerraba la escena de la historia que yacía entre mis dedos. Por supuesto que la vida es un sueño, pero no lo digo porque le de esa connotación que los optimistas y esperanzados quieren que les de, sino porque literalmente es como si durmiera todo el día.
No creo ser la excepción a la regla, es decir, ¿quién no se ha sentido ajeno a lo que llaman realidad? Quizás no todos, pero si un grupo, me refiero a esos que se les dice que andan por las nubes, esos que llaman despistados y hasta imbéciles si la situación lo merita. Pero eso es cosa de adjetivisadores y yo no entiendo de esas cosas y ellos tampoco de las mías, porque de entenderlos dejarían de calificar este "trance permanente" como despiste, ni si quiera serían capaces de definir la distancia entre el mundo y ellos mismos.

Cerré el libro. Al final las letras impresas se entremezclaron para dar forma a mis réplicas, perdiendo totalmente el hilo que la lectura me incitaba a seguir. En cambio, comencé a observar detenidamente el paisaje. No era nada del otro mundo, tan solo una micro de aires sudorosos y olores de personas que doblaban la capacidad máxima de la pobre máquina.
Conversaban, reían, leían, escuchaban música, se lamentaban en silencio por algún hecho del día. Yo solo me deleitaba de todos ellos, de cada una de sus banalidades, aunque fuesen las mismas de ayer y antes de ayer y solo las caras y los nombres mutaran. Era una película que al apenas acabar se volvía a reproducir, y una con pésimo audio, como grabada directo del cine.
Ahí estaba, la misma niña de ayer recogiendo la coleta que otra vez se le acababa de caer de las manos, intentando agarrarla antes de que cualquier pie ciego se hiciese con él. Desde mi asiento podía verla estirar el brazo, le faltaba poco para recuperar aquel pequeño objeto que le era tan valioso, sin embargo, no pudo completar su propósito, es más, en ese instante absolutamente nadie concluyó movimiento alguno, ni si quiera yo.
La película que se reproducía anteriormente a mi alrededor se pegó instantáneamente. Cada conversación se entretejía para crear un chillido estruendoso y computarizado, algo difícil de describir con palabras, y la imagen, ¡para qué hablar de la imagen!  Los rostros se deformaban, los colores cambiaban hasta llegar a esa lluvia monocromática que la TV transmitía sin señal, el aire se condensó y todo el mundo, estático, intentaba moverse aunque ni si quiera se notase el intento. Yo lo sabía porque se sentía en el ambiente, porque era el ambiente.
¡La señal! ¿Qué pasó con la señal? ¿O era el reproductor el dañado? También podría ser la Matrix y Neo, al fin, estaba en vías de apagarle. ¿Qué sería de nosotros entonces? ¿En-ton-ces-qué-se-rá-del-mun-do-que...-?

Sonidos ascienden hasta desaparecer en un zumbido...                                                                                                                               

             Imágenes distorsionadas que intentaban ser caras antes de desvanecerse...

*En reparación, disculpe las molestias, estamos trabajando para usted*




Llegar a casa no es una tarea fácil, hay que lidiar con el sudor, los agarrones, las luchas cuerpo a cuerpo para llegar a la puerta y no pasarse del destino previsto. Pero esa era la guerra de otros, la pelea en la que yo participaba se llevaba acabo en mi conciencia, intentando distinguir lo que llaman realidad. 
Después de aquella... Falla, todos los presentes siguieron con sus vidas como si nunca hubiesen perdido el dominio de sí mismos. Claro, el que me acuerde de lo ocurrido significa que solo yo me alteré después de tal evento, solo yo sudaba por cada célula que me componía y solo yo me trabé la lengua tratando de preguntar qué había sucedido.
Cuando los balbuceos se volvieron sílabas conocidas previamente por mis oyentes nadie respondió. Es más, nadie escuchó. No tuve mas opción que sentarme, intentar mantener la cordura y seguir la lectura.

"La vida es un sueño". Con esa frase el narrador cerraba la escena de la historia que yacía entre mis dedos. Por supuesto, la vida literalmente es un sueño.

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