Entre que iba y venía el andar de sus pasos no se dio cuenta de que alguien a kilómetros no podía verlo, pero caminaba en su dirección.
Era alto, relleno y nulo en la expresión, así como él, pero con un brillo más fuerte en los ojos, puede que por su gran tamaño diera esa impresión.
Sumergido en su mundo, jamás se dio cuenta de que aquel iba con el terno gris que hace años había prestado, y que cuando fue el matrimonio de su hermana tanta falta le había hecho, porque no tenía qué ponerse. En realidad, esa había sido la historia de siempre, y es que siempre le faltaba para los gustos. Aquella situación se debía a haber querido terminar rápido los estudios, y ahora tanto que estaba haciendo el esfuerzo por volver a ellos y poder juntar con algo más rentable para tener como pagarle un techo a su esposa. Debió haberlo contemplado desde un principio, para no estar preocupado de eso diez años más tarde, como ahora.
No le gustaba divagar mucho, la tensión le agarraba el cuello cuando pensaba en tener para una familia que no existía. Tan solo debería pensar en tener para sus gustos, mejor.
Ya dentro de su campo de visión, a aquel todavía no se le había notado la cara de quinceañero. Estaba ensimismado en una lucha por volver a la realidad, entre lo que pudo haber pasado y lo que es, entre lo que es y debería ser, entre lo que pudo ser y lo que podría haber sido después de eso, entre posibilidades inexistentes porque ya no fueron. La verdad es que hoy se sentía solo, estaba solo y tenía lo justo para él y nadie más.
Entonces, a lo que aquel estaba a menos de un metro de su posición, le vio la figura completa con lujo de detalles en esos tres segundos que se demoraron en pasar el uno al lado del otro. Y por fin se dio cuenta del parecido al recuerdo de sí mismo.
En cuanto le vio el terno gris se dio cuenta de lo que le esperaba.
<<¡No sigas!>> le gritó mentalmente.
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